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30 meses perdidos en movilidad

por: @ingeniero0013

Han pasado prácticamente 30 meses desde que el alcalde Peñalosa asumió el cargo de burgomaestre de la ciudad, con una enorme expectativa los bogotanos esperaban rápidas y contundentes mejoras en algunos temas, en especial en movilidad. A una buena parte de los ciudadanos les crearon la idea de que aquel que los medios llamaban gerente, urbanista, ejecutor y que era además el “papá” del sistema BRT de la ciudad, es decir Transmilenio, podría mejorar rápidamente el funcionamiento del sistema, esperanzas infladas con el continuo discurso del hoy alcalde, que aseguraba que la mayor parte de los problemas de Transmilenio eran de gerencia.

Como se mencionó han pasado casi 30 meses y las mejoras en materia de movilidad lastimosamente no se ven, es más, según la encuesta de percepción ciudadana de Bogotá como vamos, el 60% de los ciudadanos percibe un deterioro en la calidad del servicio de Transmilenio, más grave aún, el 65% de los ciudadanos aseguran que ahora sus viajes toman más tiempo, el problema es tan dramático, que el sistema mejor calificado es el de los antiguos buses del TPC. Para colmo de males varias de las soluciones que el alcalde plantea tienen un enorme rechazo por parte de la ciudadanía, según la misma encuesta de Bogotá como vamos solo el 26% de los ciudadanos cree que Transmilenio por la carrera séptima sería una obra positiva para la ciudad [1, Pg70], algo atípico si se tiene en cuenta que generalmente las obras de infraestructura tienen un apoyo ciudadano de alrededor del 80%.

La gente no está a gusto con las decisiones del alcalde, las tarifas aumentaron 40% en el SITP Zonal y 28% en el troncal, muy por encima del IPC y del aumento de salarios, pero este aumento no se tradujo en mejoras. El deterioro en el sistema troncal es evidente, cada vez más buses presentan fallas técnicas, se incendian, pierden llantas o se varan en plena operación. El alcalde Peñalosa cometió el mismo error de la anterior administración y aunque recibió una licitación lista para abrir, decidió renovar los contratos a los operadores y alargó la vida útil de los buses nuevamente. Aunque el proceso para renovar la flota ya se abrió, los términos de la misma han sido duramente cuestionados desde el concejo de Bogotá, algunos concejales han advertido que la mayor parte de la flota llegaría hasta el 2020 [2].

Por otro lado, aunque el concejo entre 2016 y 2017 aprobó más de 3.6 billones de pesos para Transmilenio (parte sin siquiera destinación específica y menos estudios) hasta el día de hoy no se han iniciado obras para la urgente ampliación de estaciones (Av. Cali, Av. 68, Polo, NQS-Cll75, CAD, Av. Dorado, Molinos, Cll. 127 y Pepe Sierra), tampoco se han iniciado las extensiones necesarias de la Troncal de la calle 80, Suba, Américas y Caracas entre Molinos y portal Usme. La eliminación de intersecciones a la entrada de los portales es otra necesidad urgente a la que la administración hace oídos sordos, de hecho, el deterioro en algunas zonas de las troncales ha empezado a ralentizar la operación, pues en algunos sectores de la calle 80 y Autopista Norte los buses deben disminuir la velocidad sustancialmente para sortear daños de la vía.

Por el lado del SITP zonal (los azules) el panorama tampoco es bueno, las frecuencias cada vez son peores, el mal servicio hizo que pasáramos de tasas de crecimiento de usuarios que superaban el 10% trimestre a trimestre a tasas negativas (-6% entre 2016-2017), es decir por primera vez desde su inicio, el sistema zonal está perdiendo usuarios [3]. La finalización de la implementación del sistema, tan necesaria para solucionar parte de sus problemas, se estancó; las cifras indican que pasamos de avances de 15% anual entre 2012 y 2015 a 2% en 2016 y 2017. Operadores en problemas, alto déficit y pésimo servicio, una mala combinación a la que esta administración en 30 meses no parece prestarle la atención necesaria y como cereza del pastel los buses del SITP provisional siguen operando a pesar de los continuos anuncios de la alcaldía sobre su desmonte [4].

El tema metro ha resultado ser un absoluto desastre, no solo no lograron cumplir el plazo de 6 meses para tener los estudios, sino que más de 2 años después la licitación no parece estar cerca a abrir. Como si lo anterior fuera poco, la cacareada reducción del costo del 50% no sucedió, incluso diferentes estimaciones indican que el costo va a ser muy similar, eso sí, los impactos urbanos negativos durante y después de la construcción del metro elevado son muy superiores a los del subterráneo. La propia DNP contrato un estudio con la empresa Deloitte, dicho estudio palabras más palabras menos, termina concluyendo que el metro subterráneo era la opción económicamente correcta [5].

Quizá uno de los gremios que más decepcionado se siente por la gestión de la actual administración es el de los ciclistas, ya que grandes proyectos como la bici pública están absolutamente empantanados a la fecha, el mantenimiento de muchas ciclorrutas con gran deterioro no arranca, las metas del PDD resultaron decepcionantes y las licitaciones de nuevos bicicarriles avanzan a paso tortuga, apenas hay avances en la carrera 19 y se terminaron las obras de la 116 adjudicadas en 2015. A los peatones no les va mucho mejor, dado que los andenes siempre han hecho parte importante del discurso del alcalde, se esperaba un plan que hiciera ver pequeño el programa RAPS de la anterior administración, lastimosamente salvo unas intervenciones muy específicas como la que se realizó en parte de los andenes de la carrera 15 entre calles 78 y 85, en esta materia el avance es muy pobre.

Un área donde se ve un avance apreciable es en el mantenimiento de la malla vial (tapar huecos), pues se estableció un programa que ha dado buenos resultados. Aunque lastimosamente no ha sido posible lograr algo tan básico como tener bien demarcadas al menos las vías principales, en especial los carriles preferenciales, que con una evidente desidia por parte de esta administración sucumben lentamente.

Otra área de buenos resultados es la reducción de fatalidades en la vía, logrado en gran parte gracias al programa de pacificación de la vía, que se empezó en 2014 y al cual esta administración continuó y dio mayor impulso, mostrando de paso que la continuidad en las políticas es el camino para obtener resultados.

En general la gestión en movilidad de la alcaldía ha sido muy deficiente, se ha concentrado únicamente en el capricho personal y muy costoso de Transmilenio por la carrera séptima, pero no se preocupó por ejecutar un plan ni a corto ni a mediano plazo, que diera un respiro al sistema mientras llegaban las soluciones estructurales, no todo lo que se planea puede ser a muy largo plazo. Es cierto que el alcalde heredó muchos problemas en esta área, pero casi 30 meses después de asumir el cargo, estos no mejoran sino por el contrario empeoran, la excusa del retrovisor ya no es válida a estas alturas, de hecho, si no fuera por obras que la anterior administración dejó andando como la Av. Cali, Bosa, San Antonio (cll 183), el cable de ciudad Bolívar, el teatro Ensueño, la nueva cinemateca distrital y el coliseo cubierto, casi tendríamos una parálisis de obras públicas [6].

Alcalde, le quedan solo 18 meses, deje su capricho personal con Transmilenio de la séptima y trabajemos al menos en solucionar lo más básico, mejorar la infraestructura existente de Transmilenio que se cae a pedazos sería buen inicio, acciones para hacer respetar nuevamente los carriles preferenciales y buscar alternativas a simplemente elevar las tarifas de transporte público es esencial.

Jair Camargo

Jair Camargo

Bogotano, Ingeniero electrónico y Msc. en Automatización Industrial de la Universidad Nacional, enfocado en TICs y transporte eléctrico.

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