Política

Alabaré, alabaré, alabaré


En su edición impresa del domingo pasado, Semana se despachó en halagos hacia el nuevo alcalde de Bogotá. ¿Hasta cuando seguirán los medios burlándose de sus lectores con estas odas exaltadas? ¿Dónde quedó ese espíritu crítico e investigador que mostraron durante cuatro años, ante cada acto de gobierno de la alcaldía anterior?


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Peñalosa asegura que no es un mesías, pero la revista Semana opina todo lo contrario

Todo parece indicar que pasaré los próximos cuatro años pidiendo en voz alta un poco de objetividad de parte de la prensa. No se trata de defender una ideología, como dicen quienes gradúan de comunistas, a cualquiera que vea con desconfianza la manera en que el monopolio mediático da forma a la opinión. No es un problema de postura política, es un problema de justicia elemental. Contrario a lo que muchos dicen, considerar a Peñalosa un mentiroso no implica estar a sueldo por el petrismo, puede ser muy difícil de asimilar para algunos, pero el mundo es de matices no solo de blancos y negros. Mi búsqueda con este artículo no es reivindicar a la izquierda, es simplemente exigir un trato imparcial de parte de los medios.

Los superpoderosos de este país deben entender que ya no somos los mismos ingenuos que podían controlar desde los púlpitos. El mundo cambió, el país cambia poco a poco y la prensa debe cambiar también para dejar de insultar a sus lectores con panegíricos melosos como este: (Ver artículo)

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En la versión en línea, el artículo se titula “No soy un mesías”: Peñalosa. La revista impresa tiene aun más chispa, con su título: El altísimo.

¿Cómo se genera una matriz de opinión a favor o en contra de alguien? Pues, la cosa no es difícil para quienes tienen el poder. Desde hace tiempo, el control de las masas es ejercido con una esmerada sofisticación por parte de los formadores de opinión, que en Colombia son los mismos dueños del país. Felipe López, el dueño de Semana, es hijo y nieto de expresidente, formado en el London School of Economics y en Suiza. Felipe López habría podido ser presidente, alcalde o lo que hubiera querido, pero fue más inteligente que su gran amigo Juan Manuel Santos, Felipe decidió tomar en serio el camino del periodismo, llevar una vida alejada del debate público abierto y tras bambalinas ha logrado acumular un enorme poder, sin tener que ir a tierra caliente a cargar niños hediondos a berrinche, sin esas correrías por los pueblos miserables de Colombia que tanto agotan a los aristócratas. En pocas palabras, Felipe López, tiene tanto o más poder que un presidente, pero no tiene que pasar por el aburridísimo transe de legitimar ese poder a través de las urnas.

El poder de Semana, al menos en teoría, se sustenta en su credibilidad y en su calidad. Eso es algo que hace mucho tiempo dejó de ser verdad. Como cualquier otro monopolio, Semana defiende sus intereses corporativos, por eso utiliza la mayor parte de sus páginas para promover una agenda encaminada a perpetuar el modelo económico y político que nos ha gobernado desde siempre. ¿Es esto algo reprochable? No, un medio privado es libre de servir a la vertiente política que quiera, pero sus lectores debemos tener muy claro que el interés de Semana no es la verdad sino la defensa de una élite que, al menos en mi opinión, ha hecho muy mal las cosas a la hora de gobernar este país.

Durante la primera mitad del siglo XX, Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud y padre de las relaciones públicas, dejó muy claro que el poder de la propaganda, puede aplicarse por igual a la venta de cigarrillos o al derrocamiento de presidentes democráticamente elegidos. Bernays, creía firmemente que las masas eran estúpidas y que por lo tanto la democracia necesitaba de la propaganda para proteger a la gente de su propia idiotez. El principio es siempre el mismo: distraer a la opinión pública de lo que es importante y cambiar la racionalidad por lo puramente emocional, sin darle tiempo a la gente para pensar o para reflexionar, solo apelar a lo básico; bien sea el miedo, la alegría o la ira, pero jamás a la razón.

Así fueron los últimos cuatro años con el bombardeo de malas noticas y críticas a las instituciones del Distrito, en ocasiones validas y en otras claramente destinadas a generar malestar en la ciudadanía y por supuesto a torpedear la gobernabilidad. Pero todo cambió el primero de enero, de la noche a la mañana, ese espíritu crítico se convirtió en zalamería de la más pura, solo faltan los corazones y las caritas felices en lo que supuestamente es un artículo serio.

Comienza el artículo con esta máxima: “El mandatario ha demostrado que es la persona para manejar a Bogotá. Pero no se pueden esperar milagros aunque él haya prometido algunos.”

¿Cuándo lo demostró? ¿en la semana que lleva en la alcaldía o en su primer mandato? Vale recordar que su primera administración, aunque terminó con una gran popularidad tras la inauguración de Transmilenio, fue casi toda muy difícil y tuvo niveles bajísimos de aprobación que cayeron hasta el 18% , entre otras cosas por escándalos como los ultra conocidos bolardos, los moños navideños, la tragedia de Luna Park, etc. Nunca hubo un consenso sobre eso que Semana da por sentado: que Peñalosa “es la persona para manejar a Bogotá”; tanto es así, que a diferencia de las elecciones de 1997, cuando ganó con casi el 49% de los votos, esta vez apenas alcanzó el 33%. Entonces ¿de dónde saca Semana que él es el indicado?

Continua el artículo:

Lo cierto es que Peñalosa arrancó como se esperaba, con anuncios y nombramientos que reflejan un proyecto claro para la ciudad. Una visión que ya puso en marcha en su primera alcaldía y que ha defendido en forma coherente durante 15 años.

¡Perdón! ¿Coherencia? Si algo no ha sido Peñalosa es coherente y eso se cae de su peso. El alcalde que impuso el Pico y Placa, el que por años ha sido enemigo acérrimo del vehículo particular, en campaña decidió salir a la calle a pegar calcomanías en todas las camionetas 4×4 que encontró, ¿nadie se dio cuenta de que esa estrategia, buscaba aliviar uno de sus puntos más débiles con la clase media alta? El candidato que ha sido de todos los partidos, excepto el Polo, es considerado por Semana como un ejemplo de coherencia ¡Por favor! Con lo único que ha sido coherente Peñalosa es con su amor por el hormigón y su desprecio por el medio ambiente.

Luego destacan, lo que según ellos “Es un gabinete más técnico que político”. Por supuesto, sin decir una palabra de Miguel Uribe Turbay, quien a sus 29 años ya cuenta con dos décadas de experiencia en el sector público. Tampoco hablan de “la Conchi” Araujo, hija y hermana de sendos parapolíticos y quien cambió la presidencia de una multinacional minera, por la Secretaría de Integración Social. Eso solo genera suspicacias en nosotros los paranoicos, la revista de investigación más importante del país, no ve nada cuestionable en esos nombramientos.

Luego siguen los aleluyas y las frases cargadas de buenos deseos, no podía faltar la afirmación categórica de que “Peñalosa no es un improvisador”, aunque ande afirmando alegremente que debemos llevar el metro hasta Mosquera, ni más faltaba, él no improvisa, él gerencia, tanto así que en su primera media hora como alcalde ya “convirtió en anuncios de gobierno lo que eran promesas electorales”.

En cuanto a los anuncios del alcalde, no hay espacio en el artículo de Semana para cuestionar ninguna de las genialidades del gurú del urbanismo. Escasamente se enumeran, sin importar las implicaciones que estas decisiones puedan tener para el futuro de la ciudad. A continuación, cito algunos de los que generan más polémica a pesar del manto protector de la prensa:

Duplicar la red de Transmilenio

No sé si los señores de Semana saben qué es un sistema BRT (bus rapid transit), pero seguro no saben, que Transmilenio ya es el BRT más grande del mundo. Para mí, esto sí merece una reflexión, porque desde el infausto Pablo Escobar, en Colombia no tenemos el número uno de nada. ¿Por qué entonces tenemos el BRT más grande y seguramente el más productivo del mundo? Simple: porque ninguna ciudad del tamaño e importancia de Bogotá es siquiera concebible sin un sistema de metro. Tenemos el mayor BRT del mundo por la decisión de Peñalosa en el 98 de cambiar el metro por buses y luego dejar amarrado un plan de casi dos décadas para seguir gastando billones de dólares en el mismo sistema. ¿Fue una buena decisión? Cada lector tendrá su respuesta, pero la mía es no.

Construir una línea de metro elevado

¿Polémica? ¿Qué significa eso? La que por cuatro años fue la palabra preferida de Semana para hablar del alcalde de Bogotá, desapareció de sus páginas. Quienes no votamos por Peñalosa, votamos por candidatos que prometían solemnemente darle continuidad al proyecto del metro, tal y como estaba; Pardo, Clara y hasta Pacho prometieron a su electorado licitar el metro subterráneo de inmediato. Peñalosa, quien ha repetido infinidad de veces que Transmilenio hace lo mismo que el metro pero por una fracción del costo, fue el único que habló de cambios sustanciales al proyecto, así que no debo ser la única persona en Bogotá, molesta por el irresponsable anuncio de tirar el proyecto del metro a la basura, para según él, hacer el mejor metro para Bogotá, o sea uno elevado, con paradas cada tres kilómetros y que funcione como un super alimentador para traer gente desde Mosquera hasta la Caracas. ¿Cuál polémica?

Construir un malecón en el río Bogotá

Del malecón, mejor ni hablar, es una completa sandez. Una ciudad con una infraestructura tan deficiente como la de Bogotá, que no ha sido capaz en un siglo de hacer una sola línea de metro, seguramente va a poder meterse de cabeza en un megaproyecto de 100 kilómetros, para duplicar la profundidad del río y hacerlo tres veces más ancho.  ¿Para qué? para que Bogotá se parezca más a las ciudades europeas, que nacieron en torno a sus ríos y claro, para enriquecer a los constructores que urbanizarían esas tierras. No es prioridad abrir el San Juan de Dios, pero sí lo es un malecón de 100 km en el río Bogotá. Nuevamente ahí no hay polémica, es que algunos no entendemos al visionario.

El resto del articulo no cambia mucho el tono, destaca algo que debería preocuparnos a todos: el unanimismo del Concejo, a diferencia de lo que pasó en el 98, está vez Peñalosa tiene un Concejo de bolsillo que no solo le aprobará su locura del malecón, sino cualquier cosa que sueñe, si un día el visionario se levanta con ganas de privatizar el robo de celulares, no hay duda de que los honorables concejales le darán el beneplácito.

“Lo cierto es que el Peñalosa modelo 2016 parece más dispuesto a construir una base política amplia y a entenderse con los concejales, que en su primera administración.”

Para terminar, me gustaría traer a colación algunos artículos de la misma revista, hace cuatro años, cuando el político elegido no era de su casta:

El 10 de diciembre de 2011, antes de la posesión, ya titulaba la revista Semana “La embarrada de Petro” (Ver artículo) y con el mismo tono de Diva Jessurum decía: “La semana pasada, el alcalde electo de Bogotá, Gustavo Petro, armó la gorda con las declaraciones que dio sobre el futuro de las empresas de servicios públicos de la capital.” ¡Pánico económico! Petro dijo que iba a defender lo público y hasta se ganó una demanda de Jaime Granados. Peñalosa en el discurso de posesión dice que quiere vender la ETB e insinúa que vale apenas 1000 millones de dólares, pero eso, no merece ni un comentario de Semana.

A pocas horas de posesionado Petro, escribía Semana: “Prohibir el porte de armas: un viejo deseo fracasado” (Ver artículo) ¿Por qué el pesimismo? ¿Es algo reprochable que el alcalde proponga que la ciudad se desarme? En este artículo se explayan en detalles sobre como las iniciativas de ese tipo fracasaron, entonces sí tuvieron tiempo para consultar a expertos investigadores y para tomar una postura crítica, al calificar la medida de efectista.

El 21 de enero de 2011, con una clarísima mala leche titulan: “ALO, alcalde” (Ver artículo) Cualquiera podría ver que Semana de manera mal intencionada, trata de asociar a Petro con el chavismo y con su bien conocida calidad periodística de peluquería dicen:

“El debate sobre la Avenida Longitudinal de Occidente… está que arde. Declaraciones y trinos lanzados por el recién elegido alcalde Gustavo Petro, provocaron una ola de reacciones, desde el candidato perdedor, Enrique Peñalosa, hasta el ministro de Transporte, Germán Cardona”

Nuevamente convierten en polémica algo que a los ojos de cualquier persona alejada de la pugna política, podría parecer razonable ¿Dónde está lo terrible de poner como prioridad el medio ambiente? ¿Habría sido nefasto cambiar el concepto de una avenida pensada en 1961 cuando el medio ambiente no importaba un pito?

La joya de la investigación llegó esa misma semana con el artículo “Debate bravo” (Ver artículo), dedicado; por supuesto, a las corridas de toros que con tanto empeño ha defendido Semana desde sus páginas. En esta exhaustiva investigación de casi 2000 palabras se remontan siglos para demostrarnos como, quienes prohíben las corridas de toros, son en general reyezuelos, tiranos y dictadores. También queda espacio para augurarle la peor de las suertes al entonces alcalde entrante: “Al alcalde se le asoman en el horizonte desafíos gigantescos como el de la terminación de las obras inconclusas del carrusel de la contratación, el caos de la movilidad, la inseguridad y los desafíos en educación y salud, para citar solo algunos” Espero que pronto dediquen un artículo semejante a Peñalosa, quien hace poco, en otro de sus acostumbrados actos de coherencia, afirmó que mantendrá la prohibición sobre las corridas de toros.

Es una pena ver que la revista más importante del país pone en juego su buen nombre con una parcialidad tan evidente. Esto por desgracia prueba que algunos sectores de la sociedad no están listos para profundizar la democracia en Colombia. No quieren permitir que proyectos políticos distantes a las castas tradicionales se consoliden. ¿Tienen libertad de expresión quienes se oponen al modelo de país defendido por las élites? Si la revista Semana de verdad creyera en la libertad de expresión, no ensuciaría sus páginas con tanta manipulación y parcialidad.

 

“If we don’t believe in freedom of expression for people we despise, we don’t believe in it at all.”

Noam Chomsky

@CarlosCarrilloA

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Carlos Carrillo

Carlos Carrillo

Diseñador industrial de la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá), M.A. en Arte y diseño de la Universidad de Donghua (Shanghái)

@CarlosCarrilloA

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6 Comments

  1. Catalina Valencia
    Enero 17, 2016 at 12:18 am — Responder

    Muy buen artículo. Realmente inquietan estos 4 años, y más con la superficialidad en que hemos caído la ciudadanía, tan permeables por los grandes medios. La peor parte la llevan el medio ambiente y el enfoque de derechos de poblaciones vulnerables (Conchi Araujo al frente de las políticas sociales? ).

  2. José Martín Salas G
    Febrero 15, 2016 at 8:49 am — Responder

    Muy interesante, muy interesante, muy interesante. ¿Cúantos TRASMILENIOS se han construido en otros paises en 15 años? Alguien lo puede decir?

  3. jose
    Febrero 16, 2016 at 4:32 am — Responder

    Semana y todos los medios de comunicación de Colombia son verdaderos artistas de la manipulación, pero más triste quienes se dejan manipular , al fin y al cabo no todos somos los idiotas que se arrodillan ante los medios con poder económico y político, la historia nos muestra que todos pasamos a la historia entonces porque tanta maldad , con el poder y el dinero, no compran la vida, la salud y mucho menos la salvación, si así fuera pobre de Dios, pero los más pobres son ellos que no tiene tranquilidad y viven alterados a toda hora en desespero por tener más poder y riquezas, el sueño se les espanta porque tienen mucho y no comparten, tienen una excesiva miseria espiritual que les impide ser justos y equitativos, veámoslos como mienten para engañar a los incautos.

  4. Abril 14, 2016 at 2:59 am — Responder

    Aplausos de pie, señor Carrillo. Por ahí Semana también tiene unos artículos dedicados a Hollman Morris cuando éste comenzó a aparecer en la escena pública. El pobre Morris ha tenido ya algunos encontrones con esa revista. Vd. que es tan buen investigador seguramente los encontrará.

    De momento, sólo me queda felicitarlo por su artículo. Eso sí, a día de hoy he notado que Semana ha intentado moverse en una orilla crítica a Peñalosa, supongo para no perder su prestigio.

    Un saludo.

  5. Alberto Martin Reina
    Abril 25, 2016 at 1:20 am — Responder

    Flicitaciones..se percibe.que su investigacion es a conciencia..buscando el pleno conocimiento.En verdad se merecen los cargos de responsabilidad publica quienes denuncian las injusticias sociales y hacen lo justo para superarlas.

  6. Augusto Serrano
    Mayo 26, 2016 at 12:26 pm — Responder

    Se ve un rechazo casi patológico hacia Peña-losa (losa de la autopista) y Semama… Yo creía que yo era el único… Es un desastre para Bogotá, y para Colombia, que ese personaje vuelva a “manejar” el presupuesto de la ciudad. Y más triste aún que no era el peor de la contienda… claro, tampoco el menos peor. La torpeza y “más de la misma corrupción” del Polo y Petro le pavimentaron el camino a la alcaldía. Por otro lado, no es falso que un sistema tipo “transmilenios” sea muy bueno. El problema es la manera corrupta como se maneja en Colombia (Peña-losa a la cabeza). Felicitaciones y Gracias por el artículo.

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