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Francamente ¡Qué oso con Francisco!

La visita a Bogotá del líder espiritual de millones de colombianos no podía quedar por fuera de los negocios del alcalde y sus amigos, el gerente de la visita papal es un ejemplo más de cómo esta alcaldía de Peñalosa no es más que la segunda parte de una repartija que comenzó en 1998.

Por estos días las redes sociales; las emisoras, los paraderos de buses, etc., se han inundado con propaganda institucional para ambientar la visita del papa Francisco; y por supuesto, para tratar de “encaramar” al alcalde sobre la ola de popularidad del líder religioso. El señor alcalde no puso el asunto en manos de cualquier aparecido, sino que le entregó la jugosa gerencia de la visita papal a uno de sus hombres más cercanos: Ignacio de Guzmán Mora.

¿Quién es Ignacio de Guzmán?

La ciudad prácticamente no tiene idea de quién es De Guzmán, este exseminarista y abogado de la Universidad Javeriana, ha dirigido importantes empresas y campañas políticas. Estuvo al frente del Circulo de Obreros y del Grupo Social de los jesuitas, fue gerente general de la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo y gerente de la campaña a la presidencia de Noemí Sanín en 1997, toda esta exitosa carrera publico-privada se alterna con su condición de socio y amigo de los Peñalosa.

Ignacio de Guzmán sabe de negocios, por eso en la primera alcaldía de Peñalosa le correspondió la administración del mayor de todos. De Guzmán es nada más y nada menos que el artífice de Transmilenio, él es el genio detrás de la puesta en marcha del sistema y el responsable de su perverso modelo de negocio. En el año 2000 un artículo de la revista Dinero decía lo siguiente:

Su reto es transformar por completo el sistema de transporte de la ciudad y convertirlo en una industria como tal, eficiente, rentable y con altos estándares de calidad y servicio. En otras palabras, otorgarles a los bogotanos una mayor calidad de vida y trabajar para que, entre otras cosas, dejen de viajar un promedio de dos horas y veinte minutos diarios en bus y ayudar para que el 85% de los capitalinos que utilizan el transporte público, tengan a su alcance un servicio eficiente y rápido.

De esa promesa solo se cumplió lo de “rentable”, 17 años después el resultado ha sido maravilloso para los operadores y para las industrias interesadas, pero desastroso para los bogotanos, que no solo hemos tenido que asumir el costo de la infraestructura, sino también pagar una tarifa altísima destinada casi en su totalidad a los dueños de los buses y al recaudador (Tu llave), Transmilenio es caro y malo para los usuarios pero muy rentable para los privados. Las ganancias ingentes que estos empresarios han recibido por 16 años deben agradecérselas a de Guzmán, quien hizo muy bien la tarea de amarrar por todos lados el negocio, para esquilmar a los pasajeros sin obligar a los operadores a prestar un buen servicio. Cada vez que un bogotano pierda la paciencia en un estación de Transmilenio frente a una pantalla que muestra el + +, debería prenderle una veladora al muy pío De Guzmán.

¿Por qué Peñalosa puso en manos de este gerente el proyecto más importante de su primera alcaldía? simple: porque como dijo el filosofo colombiano J. Balvin es “El negocio, socio”. De Guzmán y la familia Peñalosa han estado asociados en enormes proyectos de desarrollo inmobiliario, entre ellos la Zona Franca de Bogotá. Según la escritura pública 5319 que reposa en la notaría cuarta de Bogotá, el 26 de julio de 1991 se constituyó la empresa Promotora de Zonas Libres Internacionales LTDA, conformada por 5 socios, cada uno con 20% de las acciones, los firmantes fueron los siguientes: Harold Zangen Janek, Hernando Casas Rico, Martín Gustavo Ibarra Pardo, Rodrigo Escobar Navia y Guillermo Peñalosa Londoño, entonces representante legal de Inversiones Lindaraja, la empresa familiar de los Peñalosa.

El 24 de febrero de 1992 en la escritura pública 1277 de la misma notaría, la sociedad pasó de ser limitada a anónima, introdujo modificaciones en sus estatutos y dividió sus 45 mil acciones en 9 paquetes de 5 mil acciones cada uno, la conformación final de la sociedad quedo integrada por: Martín Ibarra Pardo, Hernando Casas Rico, Harold Zangen Janek, Rodrigo Escobar Navia, Inversiones Lindaraja, Ignacio de Guzmán Mora, Alfredo Carvajal Sinisterra, Oscar Perez Gutierrez y Álvaro Rincón Muñoz.

La Promotora de Zonas Libres no fue ninguna modesta venta de tomates en Renault 4, sino una sociedad con los “cacaos” más poderosos del Valle del Cauca. Escobar Navia fue alcalde de Cali, rector de la Universidad de los Andes, ministro de Gobierno de Belisario y reconocido promotor de las zonas francas, Alfredo Carvajal Sinisterra, también ocupó la alcaldía de Cali, fue presidente de Ecopetrol y de su propia empresa: Carvajal, una de las grandes industrias del país. Los demás nombres son de perfiles similares; Zangen es otro reconocido empresario del Valle, Casas Rico, promotor de Hacienda Santa Bárbara, Óscar Pérez Gutiérrez fue el padre de Corferias y así, los Peñalosa no se asocian con cualquier aparecido.

De acuerdo con la misma escritura, la junta directiva quedó integrada por los mismos socios de la empresa, en nombre Inversiones Lindaraja estuvo el padre del alcalde: Enrique Peñalosa Camargo.

La Zona Franca de Bogotá fue uno de los mayores negocios inmobiliarios de la década de los 90’s en Colombia, estas casi 100 hectáreas extraterritoriales ofrecen importantes beneficios tributarios para los empresarios que decidan trasladar sus operaciones a la ciudadela ¿Cuál pudo ser la ganancia de los dueños del terreno y de los urbanizadores al convertir una finca lechera en zona franca? Para la época en que se concretó la Zona Franca de Bogotá, el país pasaba por el complejo trance de la apertura económica y sin duda el proyecto cayó como anillo al dedo para muchos industriales colombianos y extranjeros. El problema, no tiene que ver con las empresas que operan en la zona o con el legitimo derecho de los constructores de desarrollar proyectos inmobiliarios; el problema, como siempre, tienen que ver con la difusa frontera entre lo privado y lo público ¿Quién decide si un terreno es o no declarado zona franca y bajo qué criterios?

Vista satelital de la Zona Franca de Bogotá

El decreto mediante el cual se le dio vía libre a la Zona Franca de Bogotá fue el 395 de 1993, firmado por el alcalde Jaime Castro y también por el entonces director del Departamento Administrativo de Planeación Distrital: Andrés Escobar Uribe. Sí, el mismo Andrés Escobar a quién Enrique Peñalosa puso a ganarse 29 millones mensuales por “gerenciar“ el metro más embolatado de la historia.

Vale la pena recordar que Peñalosa se lanzó a la Alcaldía en 1994, justo en el momento en que su empresa familiar poseía una muy buena tajada de la Zona Franca de Bogotá y otros negocios directamente relacionados con el Distrito. De haber ganado ¿cómo habría asegurado la transparencia de sus decisiones? En 1994 no habría podido hacerlo, como no lo hizo en el 98 cuando fue alcalde y como no lo hace ahora que regresó al Palacio Liévano para “recuperar Bogotá”.

La falta de transparencia de esta administración es monumental, el aprovechamiento político de la vista del papa va a costarnos una fortuna. Según las propias palabras de De Guzmán:  “el señor alcalde ha dispuesto… que todo su gabinete y los recursos que sean necesarios sean destinados a este evento” (Ver video, min1:00). Nada nuevo, hacer politiquería con la fe de la gente, es solo una más de las muchas artimañas empleadas por esa administración a la que poco le importa la ética. Peñalosa necesita seguir atornillado al puesto para concretar su política de hacer de lo público un negocio para él y para sus amigos, tal y como lo hizo en su primer mandato.

¿Qué tiene que ver el papa con Transmilenio?

Ignacio de Guzmán con su empresa Akiris, al igual que los hermanos Peñalosa, se ha dedicado los últimos años a asesorar ciudades para convencerlas de que Transmileno es el Santo Grial de la movilidad ¿Será este empresario la persona más indicada para recibir al papa? ¿A cuánto exactamente ascenderá el costo total de la visita? Ya veremos si De Guzmán logra hacer de la vista papal una industria tan “rentable” como lo hizo con Transmilenio.

 

 

 

Carlos Carrillo

Carlos Carrillo

Director del portal Algarete.com.co. Diseñador industrial de la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá), M.A. en Arte y diseño de la Universidad de Donghua (Shanghái)

@CarlosCarrilloA

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1 Comment

  1. Fernando Silva
    Agosto 21, 2017 at 2:42 pm — Responder

    he visto por T.V. la visita del Papa Francisco a Ecuador y a Cuba.
    Estaré atento a su mensaje en Colombia. Ojala les de “duro” a los Neoliberales (que son legión) y les recuerde el cuidado de nuestra casa común ( Pacha Mama) y la protección de los mas indefensos.
    Los ricos o privilegiados se cuidan entre ellos.

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