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La prensa nos polarizó

He pospuesto la primera entrada de este blog por más de cinco años entre otras cosas porque el 99% de los blogs que he leído me disgustan en forma y fondo. Sin embargo hoy me levanté decidido a no posponerlo más y en lugar de escribir una entrada sobre el porqué de este blog voy a comenzar analizando un texto flojísimo que alguien muy cercano me envió esta mañana.

En aras de la objetividad acá está el enlace: Petro nos polarizó, pero en resumidas cuentas no dice nada nuevo, no es más que una visión tremendamente cándida de la postura reaccionaria de la prensa.

Para comenzar debo aclarar que no voté por Petro para la alcaldía y no me considero petrista. Ojalá no se interprete esto como la posición tibia de la inmensa mayoría de quienes escriben, yo sí tengo una postura política clara pero no doctrinaría, soy de izquierda pero juzgo a los políticos por lo que dicen y por la coherencia de sus actos no por el partido al que pertenecen.

Un ataque permanente a Petro es decir que no le importa Bogotá, que sólo piensa en las elecciones de 2018 etc., yo creo que lo segundo es verdad, él sí quiere ser presidente y la alcaldía fue un premio de consolación y un trampolín para lograrlo, pero eso no es delito ni tampoco es moralmente incorrecto.

Mockus que fue un gran alcalde en muchos aspectos, dejó tirada la alcaldía para lanzarse a la presidencia, Peñalosa también lo ha intentado varias veces, pero claro, el caso de Petro es diferente, él no tiene derecho a hacerlo entre otras porque a diferencia de Mockus, Petro sí es un político capaz de hacer alianzas, de aceitar las maquinarias y de utilizar las mismas herramientas que desde siempre han usado todos los que han ostentado el poder en este país. Petro, efectivamente representa un peligro para el orden establecido, ha demostrado que quiere el poder para modificar el statu quo y que está dispuesto a tomar riesgos enormes, incluso temerarios para lograrlo. Uno puede estar o no de acuerdo con el modelo progresista de sociedad que plantea pero es inocultable que su interés es generar cambios a lo que tenemos hoy y eso, digan lo que digan los defensores del modelo actual de país es valido y respetable.

A veces siento que la mayoría de los colombianos habla una lengua diferente a la mía; por ejemplo, cuando por alguna razón ajena a mi voluntad, veo unos minutos de noticias RCN o escucho ¿Qué se está preguntando María Isabel? aparte de los enormes problemas de dicción y los molestos anglicismos que tanto usa nuestra gente “divinamente”, uno diría que están hablando en castellano y que por lo tanto los colombianos podemos entender el 100% de lo que dicen. Pero lo que para mis oídos es una burda mentira, una clara exaltación al odio, cuando no un descarado y a veces desesperado intento por minar la reputación de un gobernante, resulta que para la mayoría de la gente es un sesudo y objetivo análisis político. ¿Soy yo el no entiende cual es el contenido semántico de esas palabras?

Por otro lado, cuando escucho a Petro se limita a exponer sus ideas por lo general con bastante claridad y a decir cosas que todos sabemos son ciertas; que el país es uno de los más desiguales del mundo, que los niños en la Guajira se siguen muriendo de hambre, que el sistema de salud privado no funciona bien, que Colombia debe profundizar su democracia y que la plata del estado ha siso siempre el botín de los corruptos. ¿Dónde están las entrevistas de Petro pidiendo pasar por la guillotina al presidente? ¿Cuándo ha usado los términos yanqui, pitiyanqui o imperialismo yanqui? Nunca, sin embargo para la opinión pública es él y no María Isabel con su postura abiertamente reaccionaria quien polariza.

En mi opinión, la polarización es real pero me cuesta creer que sea exclusivamente responsabilidad de Petro, cuando un sector mayoritario de la prensa ha dirigido todos sus esfuerzos a atacar al Alcalde incluso a riesgo de caer en lo caricaturesco.

La prensa siempre ha sido un potente instrumento de guerra, basta recordar los textos de Albert Camus para Combat, por su puesto no quiero comparar a Camus con Vicky Dávila pero la lógica es la misma, se utiliza la prensa para influenciar en la opinión y conseguir así gente dispuesta a combatir al enemigo. Por desgracia, en Colombia la paz que firmo el M-19 sólo se ha cumplido en una vía, quienes entregaron hace 25 años las armas, se amoldaron a las reglas de juego de nuestra incipiente democracia, pero el otro bando nunca ha dejado de verlos como enemigos. No importa que hoy no estén en armas, no importa que lo que busquen sean votos y no balas, para lo más rancio de nuestro establecimiento siguen siendo guerrilleros vestidos de civil y hay que alejarlos del poder cueste lo que cueste.

Un punto que me gustaría enfatizar es el siguiente: “No votemos por un político, votemos por un gerente.” Dice el autor en clara referencia a Peñalosa, quien muy hábilmente se ha vendido a si mismo como un gran gerente, pero ¿Qué es un gerente? ¿El señor de mediana edad que usa corbata y camisa manga corta en todos los McDonalds del mundo, no es acaso un gerente? El gerente es el encargado de hacer los pedidos, de controlar el flujo de caja, de supervisar que tan largo está el grillete de los empleados, que tanto del congelador se llevan a la casa, pero no mucho más de eso. Los gerentes, buscan asegurar las utilidades de una empresa, para eso les pagan, mientras que los alcaldes (bella palabra árabe) deben modelar la sociedad, tienen responsabilidades morales que van mucho más allá de tapar huecos y recoger impuestos.

No pienso ni siquiera referirme al segundo ejemplo del artículo en el que al mejor estilo de Juan Manuel Santos, iguala la política al fútbol y pone como ejemplo el buen trabajo de Pékerman. Lo que sí me gustaría decir es que Colombia es una democracia con pesos y contrapesos, Bogotá tiene algo llamado Concejo, el cual en teoría tiene tanto poder como el alcalde, pero ese poder se ejerce sin la más mínima crítica por parte de los medios a pesar de ser el Concejo de Bogota un nido de corrupción y mediocridad. Para poner un ejemplo, basta con mencionar al honorable concejal Orlando Parada, el favorito de RCN hasta que lo metieron a la cárcel por ladrón, el señor Parada, desde antes de la elección de Petro ya estaba buscando como tumbarlo y claro RCN no desperdiciaba oportunidad para entrevistarlo y preguntarle su opinión. (El siguiente video es uno de muchos por el estilo)

Otro ejemplo contundente de la mala leche del Concejo es Miguel Uribe Turbay. Quien a sus dulces 27 ya era presidente del Concejo de Bogotá; claro, su meteórica carrera del Gimnasio los Nogales a los Andes y luego la presidencia del Concejo se debe al trabajo duro, no a sus apellidos. Esta joven promesa de la política, tiene el descaro de repetir como mantra la palabra improvisación, improvisación, improvisación y ningún medio se atreve a achacársela a él mismo, y tienen razón, lo del joven Uribe Turbay no es improvisación eso se llama nepotismo.

No logro entender como los medios hacen invisible la responsabilidad del Concejo en los problemas de Bogotá, una institución que durante décadas sólo se ha movido a punta de prebendas, hoy está atravesada como un elefante muerto en medio de la vía. Ahora, Petro tiene parte de la culpa por no ceder, por no tender puentes con las demás instituciones, pero de fondo la culpa la tenemos los bogotanos, por elegir a concejales mezquinos que sólo se preocupan por sus intereses personales.

Para concluir, quiero añadir que dejé de vivir en Bogotá hace ocho años, sólo hace un par de meses decidí regresar definitivamente y si bien hay muchas cosas que no me gustan de esta ciudad, debo ser justo y decir que a diferencia de la versión casi unánime de la prensa, a mí no me parece el desastre que pintan. Hay buses híbridos, taxis eléctricos, Google Maps funciona como en cualquier ciudad civilizada del mundo, en casi tres meses no he visto uno sólo de esos caballos famélicos que arrastraban carretas por toda la ciudad y como si todas estas bondades fueran poco aún no me han robado nada.

Los embotellamientos son infames pero ahí si debo decir que eso no es culpa de Petro, es culpa del esnobismo bogotano y de la tara pequeñoburguesa que mide el progreso en numero de garajes ocupados (ese tema da para otra entrada). Los bogotanos hoy no pueden ver nada de lo bueno, ni de lo no tan malo, la inmensa mayoría está en una actitud completamente pesimista y eso tiene un responsable: La Prensa y su descarada agenda política.

Carlos Carrillo

Carlos Carrillo

Diseñador industrial de la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá), M.A. en Arte y diseño de la Universidad de Donghua (Shanghái)

@CarlosCarrilloA

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2 Comments

  1. Edgar Dishington Camargo
    Febrero 14, 2016 at 8:44 am — Responder

    Totalmente de acuerdo con ud

  2. Selena
    Abril 24, 2017 at 1:11 am — Responder

    Qué bueno que se haya decidido finalmente a escribir éste interesante blog con el cual estoy muy de acuerdo Carlos. Yo no le agrego ni le quito una tilde. Felicitaciones por su trabajo serio en ésta plataforma, que a propósito está muy churra pero también por sus grandes esfuerzos en la revocatoria del gomelo patán y mentiroso Penalosa. Un cordial saludo desde la tierra de los tulipanes.

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